EL OLOR DE LOS RECUERDOS.

Comencé a escribir este post hace unos días para mostraros los platos que habíamos estado cocinando las pasadas semanas.

Y sin saber la razón, empecé a pensar de donde venía mi relación con la cocina.

Y sin saber la razón, terminé hablando de recuerdos de mi infancia y haciéndole un humilde homenaje a mi padre.

Así soy yo cuando escribo. Imprevisible. Nunca sé cual va a ser el resultado final.

En cualquier caso espero que os guste.

Ha sido muy importante para mí recordarlo y escribirlo.

papa y maria jose

En estos días me han dicho varias veces que se nota que se me da bien la cocina.

Esto se debe a que suelo publicar algunas fotos de platos que preparo en el día a día para mis hijos.

La verdad es que ni se me da bien la cocina, ni soy ninguna experta ni nada por el estilo. Me gusta la cocina, pero no me apasiona, como otras cosas que hago.

Sobre todo le pongo mucho empeño.

Pero debo reconocer que muchos de los recuerdos de mi infancia y de distintas épocas de mi vida están vinculados a momentos en una cocina y a olores de ricos platos.

Siempre he estado, y aún sigo, rodeada de personas que son auténticos profesionales de la cocina.

MI MADRE

Empezando por mi madre, que es una cocinera impresionante, de las de toda la vida.

A ella sí que le apasiona la cocina.

Le encanta aprender platos nuevos, copiar de los grandes cocineros.

Es capaz de preparar como nadie desde una simple tortilla española, un salmorejo o unas croquetas hasta unos exquisitos rabos de toro.

Disfruta cocinando, y aún más, viendo cómo se acaba todo lo que ha preparado.

 

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Mi madre en aquella época. No conservo fotos de mejor calidad.

 

Muchos recuerdos de mi infancia están ligados a los olores de los guisos de mi madre.  Recuerdo especialmente cuando volvíamos del colegio mis tres hermanas y yo.

Vivíamos en un tercer piso sin ascensor.

Al entrar en el portal, casi siempre muertas de hambre, al menos yo, lo primero que nos llegaba era un olor delicioso a cocido, sopa, arroz, croquetas o incluso a las no tan queridas lentejas con chorizo.

Aún recuerdo esos olores, y subir corriendo las escaleras aspirándolo como si siguiéramos hipnotizadas al flautista de Hamelin y haciendo apuestas con mis hermanas sobre que tocaría ese día.

Y luego está mi cuñado Carlos, que es cocinero de profesión, como a él le gusta que lo llamen. Lo de chef lo dejamos para los que mandan en las cocinas.

Cocinero impresionante aún sin estrellas Michelín.

Y de eso tengo constancia en cada plato suyo que pruebo.

Recuerdo cuando estaba embarazada de 8 meses de mi primer hijo. Nos fuimos de vacaciones con mi hermana y con él a Conil (Cádiz). Y preparaba unos arroces deliciosos de los que aún recuerdo perfectamente su olor y su sabor. De costillas, otros de cocochas con espinacas, verduras o mariscos. Daba igual. Cualquiera estaba espectacular.

Desde entonces siempre digo que mi hijo, desde que nació, tiene un paladar exquisito, come de todo y todo le gusta.

Y estoy segura que eso se debe a tantas cosas ricas que comía su mamá.

Arroz Caldoso con rape,pulpo y camaores. CARLOS VARGAS

Arroz Caldoso con rape,pulpo y camarones. CARLOS VARGAS

HOMENAJE A MI PADRE

Pero sin ninguna duda el recuerdo que más perdura vinculado a la cocina es el que tengo de mi padre.

Junto con sus hermanos tenían varios restaurantes (negocios de hostelería como se decía antes).

Una empresa familiar que empezando prácticamente de cero llegó a tener siete restaurantes en la ciudad y más de cien personas trabajando con ellos.

Mi padre no sabía de cocina. Pero sabía comer.

Sabía de tratar con personas, de estar siempre pendiente de sus clientes, de números y de cuentas, de trabajar de 12 a 15 horas todos los días.

Siempre al pie del cañon detrás de la barra en la Cafetería Benitez, siempre atento a todo lo que pasara, siempre pendiente, siempre dispuesto a escuchar, siempre dispuesto a ayudar.

Los que lo conocían podrán corroborar lo que digo.

Mi padre en Cafetería Benítez. Años 80

Mi padre en Cafetería Benítez. Años 80

La hostelería antes no era como ahora. Al menos la mayoría.

Antes eran auténticos profesionales.

Desde los camareros, hasta los maitres, los cocineros o los ayudantes de cocina.

Recuerdo que mi padre siempre decía que el aspecto físico era muy importante cuando trabajas en hostelería. Y hacía revisión de uñas, manos y de corte de pelo. No permitía barbas ni aspectos desaliñados.

Fuera del trabajo cada uno que hiciera lo que quisiera. Allí había que seguir unas normas.

Eso sí que era una auténtica escuela de hostelería.

 

Cafetería Benítez. La importancia de un buen equipo

Cafetería Benítez. La importancia de un buen equipo

 

Recuerdo que cuando yo tenía unos 12 años decidí, como lo veía tan poco, irme un día a la semana a comer a la Cafetería Benitez. Quería pasar más tiempo con él. Y además quería probar todos los platos de la carta.

Me sentaba en la barra, en un taburete giratorio, justo delante de la máquina registradora donde él se ponía a cobrar y hacer sus cuentas.

Y recuerdo que cada semana pedía un plato diferente. A veces entraba en la cocina y saludaba a todos los cocineros. ¡Qué bien olía allí siempre!

Les preguntaba sobre los platos del día y que me aconsejaban comer.

Y mientras comía hablaba con mi padre, observaba a la gente comer, observaba a los camareros como servían los platos, como trataban a los clientes.

Veía como servían los platos combinados que eran especialidad de la casa, y cuáles eran los que más se repetían,  o como preparaban los sándwich mixtos en las planchas o el café irlandés.

Y así estuve mucho tiempo. Observando, aprendiendo, observando y comiendo cosas ricas.

Ya de más mayor, cuando estaba en la Universidad, recuerdo que algunas noches que tenía que estudiar para exámenes me iba con él.

Me sentaba en una mesa alejada del ruido y me ponía a estudiar y lo esperaba hasta que, a las dos o tres de la mañana, cuando se iba todo el mundo, cerraba la caja y nos íbamos a casa. Siempre el último.

Recuerdo entrar en las cocinas cuando se iban todos y husmear en los refrigeradores. Había mil cosas buenas preparadas para el día siguiente.

Recuerdo aspirar el olor del gazpacho o de las carnes preparadas. O de las sopas y caldos. El pastel cordobés o la tarta de manzana. Todo me olía delicioso.

Y recuerdo a mi padre haciendo de cabeza miles de sumas y cierres de caja. Eso si que era puro cálculo mental. Nunca usó una calculadora.

Siempre decía que no entendía como yo, toda una ingeniera, era incapaz de hacer todo eso sin la calculadora.

Ojala en aquella época hubieran existido los móviles para poder inmortalizar todos estos recuerdos.

Mi padre era Pepe Peña. Para muchos Don José. Para muchos otros Pepe “el de Benitez”.

Era querido por todos, desde sus empleados hasta sus clientes, ya fueran de derechas o de izquierdas, toreros o políticos, del Madrid o del Barcelona.

Él era del Atlético de Madrid, como todo buen sufridor en la vida. Pero ante todo amante del futbol.

Le encantaba la política y tenía largas tertulias con políticos de todas las ideologías.

Siempre y como dice la canción, en la barra de un bar (Benitez).

El poco rato que estaba en casa veía las noticias, el fútbol o películas del oeste, con las que hasta incluso lloraba algunas veces.

No iba a misa los domingos, entre otras cosas porque no creo que tuviera horas al día, pero su libro de cabecera era la Biblia que se había leído entero dos veces.

Y siempre decía que mi madre era infinitamente más guapa que sus cuatro hijas y la mejor cocinera del mundo.

Mi padre era ante todo una buena persona. Demasiado para la época y lo que le tocó vivir.

De todos esos recuerdos, olores y momentos vividos viene mi relación con la cocina.

Pero nunca había cocinado antes. Al menos tan continuo, día a día.

Lo he empezado a hacer ahora por dos razones. Una por necesidad y otra por convicción.

La necesidad ha venido impuesta principalmente desde que vivo en Cancún.

Los niños comen en casa todos los días. Y debo además preparar lunch para el cole. Y luego están las cenas.  Y no tengo a mi mami cerca.

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Lasaña sin gluten de atún con verduras

 

A esto se ha unido que uno de mis hijos le han detectado intolerancias a algunos alimentos. Entre ellos están la leche, huevos y gluten, o sea un enorme porcentaje de lo que comía anteriormente.

Por eso me he puesto a investigar en internet y a buscar recetas sobre todo de pastelería sin gluten. Compro pasta sin gluten (maíz, avena, quinoa, etc..). Hemos modificado nuestra alimentación en base a estas limitaciones. Y en realidad no es tan difícil.

Tarta casera de chocolate sin gluten

Y la otra razón, que es la más  importante.  La  convicción cada vez mayor de que somos lo que comemos. Y que nuestra alimentación condiciona en un porcentaje muy alto nuestra salud.

Desayuno casero. Jugo verde y pan ezequiel con pavo,aguacate y aceite de oliva

Desayuno casero. Jugo verde y pan ezequiel con pavo,aguacate, espinacas y aceite de oliva

Por todo ello gracias a mi madre y a mi padre por haberme enseñado a comer bien desde pequeña.

Pero sobre todo por tantos valores que, vinculados a la cocina, alimentan hoy mis recuerdos. Y que espero que yo sea capaz de mostrar a mis hijos.

El esfuerzo, el sacrificio, el trato amable a todo el mundo por igual, la ayuda desinteresada, la humildad, la generosidad, la honestidad.

Todo eso aprendí de mi padre observándolo trabajar detrás de la barra de un bar mientras yo estudiaba y saboreaba unas ricas croquetas y un salmorejo cordobés.

Gracias Papá

14 comentarios
  1. Oty
    Oty Dice:

    Que bonito homenaje a tu padre y que bonito cuando tu padre decía q tu madre era más guapa que ustedes y la mejor cocinera del mundo , me ha encantado este post y traete a tu cuñado para q nos haga un arroz .

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    • María José Peña
      María José Peña Dice:

      Gracias Oty. Pero tú no necesitas a nadie para hacer un arroz. ya te he dicho mil veces que eres una masterchef. A ver para cuando me dedicas un ratito para grabarte para mi blog. Un beso

      Responder
    • María José Peña
      María José Peña Dice:

      Muchas gracias. La verdad que os debemos tanto a los padres y os lo decimos tan pocas veces.
      Un beso enorme a una gran madre

      Responder
  2. pepa labrador peña
    pepa labrador peña Dice:

    Pues yo tu prima Pepa, colaboro todo lo que has contado, pues su hermana Matilde era una gran cocinera, tu tia melliza con mi querido tio Pepe que gran persona por dentro y por fuera, solo comentar que cada vez que pongo un plato, como un arroz, unos rabos un pisto lo hago como mi querida madre in cluso una simple tortilla de patatas o un salmorejo, me enseño hacer las cocretas y mus hijos me dicen mamá son iguales a la de la abuela, simplemente somo una familia de buena gente.

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    • María José Peña
      María José Peña Dice:

      Pues es verdad prima. tenemos mucho que agradecerle a nuestros padres. y tú si que eres una buena cocinera con o sin las recetas de tu madre. Un beso a tus chicos. Y el mas grande para tí. A ver cuando te animas a venir a vernos…..

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  3. Francisco Lozano Bravo
    Francisco Lozano Bravo Dice:

    Maravilloso homenaje a D. José Peña “El de Benítez”.
    Al principio de la apertura de la cafetería, desayunábamos ahí, pues por aquel entonces trabajaba en la calle alhaken II, junto al Hotel Colón.
    Aunque en las conversaciones que mantenía con mi amiga y compañera de trabajo Pepa Labrador hemos hablado de su familia y lo ligada que estaba a la hostelería, no sabía que D. José era su tío y que su segundo apellido es el primero mío.

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  4. Silvia Blanco
    Silvia Blanco Dice:

    Que cosa mas bonita has escrito prima,me ha encantado!!Bueno me has hecho llorar y todo y me he sentido muy identificada…Que suerte hemos tenido con nuestros padres!!❤️

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    • María José Peña
      María José Peña Dice:

      Gracias Silvia. Lo escribí sin pensar y me salió todo eso. Si. hemos tenido mucha suerte con ellos. Te mando mil besos. Deseando veros en navidad.

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  5. Fátima
    Fátima Dice:

    Me alegro de haberte visto de nuevo María José!!….a través de los recuerdos….hace ya tanto desde Santa Victoria…un abrazo guapa….y sin lugar a dudas” el olor de los recuerdos siempre perdura”.

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    • María José Peña
      María José Peña Dice:

      Que alegría más grande Fátima. Me ha encantado que me escribas. Ojala nos veamos cuando vaya en Navidad. Al menos para un café pára recordar viejos tiempos. Un beso enorme

      Responder

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