50 años no es nada.

 

“Ya no persigo sueños rotos,
los he cosido con el hilo de tus ojos,
y te he cantado al son de acordes aún no inventados.
Ayúdame y te habré ayudado,
que hoy he soñado en otra vida,
en otro mundo, pero a tu lado.”

 

¿Habéis pensado alguna vez por qué se celebran los 50 años?

¿Por qué no los 51 o los 35 o los 62?.
Supongo que porque 50 es una fecha importante.

Más de media vida para la mayoría de los mortales que no llegaremos a los 100 años. Y también supongo que porque en general, nos gusta celebrar. Sobre todo a los latinos.

Celebrar los cumpleaños, los santos, los 15 años, los 18, los 40, los 50, las bodas, los aniversarios de boda (algunos hasta los divorcios), las graduaciones, las primeras comuniones, el día del Padre, del Niño, de la Madre….etc.
En fin, así podría seguir un buen rato y con seguridad que me faltarían fechas señaladas que celebrar para algunas personas.

Está bien celebrar.

Cuando se festeja un cumpleaños en realidad se está celebrando la vida. Es una forma de agradecer que estamos vivos un año más y que tenemos la suerte de poderlo compartir con nuestra familia y con nuestros amigos.
Yo cumplí hace unos días 49 años. Todo el mundo me dice que no diga la edad que tengo, que no la aparento.

Y por eso precisamente la digo. Y porque nunca me ha importado mi edad, esa es la verdad.

Es un tema al que no le doy importancia, al menos por el momento. Teniendo buena salud, el resto no me preocupa en absoluto.
La edad es la que cada uno quiera tener, en su mente y en su cuerpo.
Todos conocemos a jóvenes de 70 años y a viejos de 30.
Y yo soy una joven de 49. Mejor dicho. Me siento una joven de 49.
Aunque reconozco que dije que cuando llegara a los 50 iba a empezar a cuidarme un poquito más. No en el tema de alimentación, que eso lo hago desde siempre. Sino en hacer un poco más de deporte y en ponerme esos tratamientos de belleza que consisten en cremas y serum maravillosos que dicen que son antiedad y antiarrugas y anti no sé que cosas más. Y que te dejan la piel tersa y suave.
La verdad es que no sirvo para eso.

Admiro a las personas que son constantes y que se cuidan en ese sentido. Yo reconozco que lo he intentado, pero la mayoría de las noches llego con la energía justa para lavarme la cara y los dientes.
Y por las mañanas, pues prefiero siempre 5 minutos más en la cama que en el baño.

Y con lavarme la cara y ponerme el bloqueador voy ya más que lista.
Eso tiene también sus ventajas y sus inconvenientes.
Nunca voy perfectamente arreglada ni maquillada, mi cara es la misma cuando me levanto que cuando salgo a la calle.

Así es que el día que me maquillo o voy a la peluquería nadie me conoce!!!.
Así es que creo que voy a empezar con más deporte y lo de los tratamiento de belleza y esas cosas creo que aún podré esperar a llegar a los 50. El año que viene seguro que empiezo. Lo prometo.

¡Por ahora seguiré siendo una jovencita de 49!.
Pero no sé que hago hablando de mí. Este post precisamente no estaba destinado a contar mis “no secretos de belleza matutinos”, sino de una persona muy muy especial que hoy cumple 50 años.

50 años de los cuales 30 los ha pasado a mi lado. O yo al suyo, según se mire.

Más de media vida de ambos la hemos vivido juntos.
Y no ha sido un camino de rosas. Treinta años dan para muchas cosas, buenas, malas, regulares.
Y dan también para lo más maravilloso que nos podía haber pasado, el mejor regalo posible, la mayor felicidad, que no ha sido otra cosa que tener a nuestros dos hijos y formar una familia.
Treinta años que se me han pasado volando. Demasiado rápido. Pero le doy gracias a Dios por todos y cada uno de los momentos vividos.

Los malos, que siempre pasan por algo, para aprender y valorar más las cosas y la vida.
Y los buenos, para entender que hay que disfrutar de esos momentos de felicidad.

Y hacerlo sin remordimientos, con alegría. Para recargar energías para cuando lleguen los malos.
Y puedo decir sin ningún tipo de duda, que ahora, después de 30 años, sólo recuerdo los buenos.
Esa persona especial que hoy cumple 50 me ha enseñado precisamente a eso.

A valorar los buenos momentos. A intentar tomarme la vida con más tranquilidad, a minimizar los problemas que realmente no merecen la pena y a afrontar de lleno los que realmente lo son.
Esa persona que hoy cumple 50 años me dice cada mañana, aún después de 30 años, que estoy cada día más guapa, y me dice “Te quiero preciosa” todas las noches antes de irnos a dormir si está en casa. Si está de viaje me dice igual, pero con un mensajito.
Siempre ha valorado mi trabajo igual o más que el suyo propio, y se enorgullece cuando escribo mis post o mis artículos o cuando he recibido algún premio o reconocimiento en mi vida profesional.

Y me lo dice. Constantemente.
Y me ha ayudado y animado siempre para que desarrollara mi trabajo. Y sobre todo ha estado ahí en lo malos momentos. Siempre en equipo.
Esa persona que cumple hoy 50 años es trabajadora, honrada, honesta, cariñosa, valiente, siempre dispuesto a ayudar a quien le hace falta y lo más importante , es el mejor padre que un hijo pueda desear.
Esa persona que cumple hoy sin 50 años, y que a pesar de haber pasado 30 años, me hace que siga enamorada, y con la que me he ido a vivir a la otra punta del mundo, es el amor de mi vida.

Es mi marido.
Mi regalo en tu cumpleaños es darte las gracias por estos 30 años.
Y no sé si nos quedarán otros 10, ó 20 o 30. No sé si hasta que la muerte nos separe. Eso solamente Dios sabe.

Pero como dice la canción de Los Secretos que tanto nos gusta…..

Sea como sea, pero siempre A TU LADO.

 

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